martes, 23 de abril de 2013

Desde las raíces

Después de tan glorioso camino se murió, lo cargamos con fuerza y ganas. De camino, empezó a pesar demasiado; seguido de un olor putrefacto que ya no podía disimular. -Hay que enterrar al muerto aquí. Supe que era de vital importancia porque sollozó y dictó que no podía más, el muerto se lo estaba llevando consigo. Brotaron hermosas flores desde los confines de la tierra que no tardaron mucho en copiar al muerto. De haberlo sabido, lo habría enterrado cuando aún respiraba: hubiera brotado la primavera en vez de un mar salado de tus labios.

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