Se me antojan las flores de la primavera, el cantar de los pajaros que ansian sol, que buscan la lluvia. Se me antojan las estrellas del cielo que iluminan en la noche tus ojos inquietos. Se me antoja el café, pero qué largas son las noches que por su culpa me desvelo. Después de la tormenta arrasa la benéfica calma y nos arropa, en silencio, y qué bien está uno aquí. Se me antojan tus estrellas, tu selva (gloriosa sea), tu café.
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