martes, 23 de abril de 2013

Desde las raíces

Después de tan glorioso camino se murió, lo cargamos con fuerza y ganas. De camino, empezó a pesar demasiado; seguido de un olor putrefacto que ya no podía disimular. -Hay que enterrar al muerto aquí. Supe que era de vital importancia porque sollozó y dictó que no podía más, el muerto se lo estaba llevando consigo. Brotaron hermosas flores desde los confines de la tierra que no tardaron mucho en copiar al muerto. De haberlo sabido, lo habría enterrado cuando aún respiraba: hubiera brotado la primavera en vez de un mar salado de tus labios.

jueves, 18 de abril de 2013

Mudos y sordos

De perderme, me perdería en la noche más tenue y más salvaje, para así mirar el cielo y guiarme con tus estrellas. En estás noches vacias y eternas gozo esta cruel melancolía. No sé si es el negro de la noche o el silencio aterrador quien devora toda la tranquilidad, con que noches antes me arropé. Se lleva el viento el almívar de tus labios. Deambulo loca y aterrada buscando tu perfume, embriagador. A ti el vicio de mis vicios te busco entre borrachos que tras la noche se retiran y no dejan más que su olor a muerte y a cigarrillos, entre tanta muerte y degracia te encuentro a ti, crepúsculo de mis noches.

café colombiano

Se me antojan las flores de la primavera, el cantar de los pajaros que ansian sol, que buscan la lluvia. Se me antojan las estrellas del cielo que iluminan en la noche tus ojos inquietos. Se me antoja el café, pero qué largas son las noches que por su culpa me desvelo. Después de la tormenta arrasa la benéfica calma y nos arropa, en silencio, y qué bien está uno aquí. Se me antojan tus estrellas, tu selva (gloriosa sea), tu café.

Con colmillos y sin dientes

Como tus ojos; serenos y profundos, se alza la noche y con ella, llantos. Unos corren borrachos, insólitos, pasionales, ante el péndulo que amenaza con llevárselos. Otros, más distraídos, se dejan arropar por el frívolo júbilo de querer pertenecer; no como los que tienen y no quieren. Entre dientes pero a berridos, se proclaman capitanes de este barco. No se dan cuenta, aquí son ellos los bienaventurados, y si no miren aquél que, por una gota más derramaría un río, aquél que por una gota más vendió todas sus perlas al que ya tenía. Será el Sol quien dictará su destino; unos correrán a arroparse con el oro y las perlas que, a los demás les arrebató la marea y los piratas.